Live and Let Die (La Cueva de Moloch II)

Nuestros atrevidos aventureros contemplaban la escena petrificados, observando como el sacerdote-chamán gritaba palabras sin sentido en su gutural idioma ante los enfervorizados goblins que no paraban de saltar cada vez más frenéticos. Era evidente que aquello sólo podía acabar con el sacrificio ritual de Aranix sobre el altar de piedra, a menos que sus cuatro compañeros resolvieran intervenir para salvarle. Desde su elevado posición finalmente habló Roden como líder del grupo:

- Son muchos. Esto pinta muy mal. Lo siento por Aranix pero yo ahí no me meto ni por todo el oro del mundo.

- ¿Pretendes dejar tirado a un compañero? - respondió incrédulo Machacahuesos.- Hecho -y siguió descendiendo por el pasillo sin mirar atrás. Roden le siguió un instante después.

- Un momento, un momento - interrumpió su marcha Eldelbar. - Vamos a ver... Somos cinco y pretendéis dejar en la estacada al sorcerer del grupo sin siquiera pensarlo dos veces. El único con poderes mágicos importantes. No sé, yo como mínimo me plantearía la opción de cómo rescatarlo. 

- En ese caso y ya que te parece que es tan vital mantener a Aranix en el grupo podríamos hacer dos grupos - le respondió Roden. - Ardan y tú bajáis hasta ahí y descubrís cómo eliminar a más de cuarenta goblins en pleno frenesí asesino y mientras tanto Machacahuesos y yo seguiremos explorando estas grutas en busca de algún objeto de valor antes de salir de aquí por piernas. 

Y así lo hicieron. Eldelbar y Ardan avanzaron por el corredor y tomaron el ramal de la izquierda en la siguiente bifurcación mientras que Roden y Machacahuesos tomaron el de la derecha. 

El camino de Eldelbar y Ardan los llevó a los pocos minutos al pie de la caverna de los sacrificios. A pocos metros de su posición Aranix seguía inconsciente sobre la losa de piedra del altar. Analizando fríamente los pros y contras se dieron rápida cuenta de que no serían capaces de salvar a su compañero y sobrevivir en el intento. Simplemente los goblins eran demasiados. Contra una decena tal vez hubieran tenido opciones, pero eran más de cuarenta...

El camino de Roden y Machacahuesos descendía de forma aún más pronunciada hasta acabar en unos peldaños esculpidos en la misma roca viva, dando paso a una sala circular. En las paredes de dicha sala había puertas enrejadas a modo de pequeñas celdas, y en el centro de la sala una gran cantidad de carne cruda apilada, y a juzgar por el olor posiblemente podrida, con la que alimentar a quienquiera que se encontrara preso en aquella mazmorra infecta. 

Inspeccionaron uno por uno los cubiles enrejados. En todos ellos encontraron a retorcidos y torturados goblins menos en uno, el que estaba cerrado por la reja de mayor tamaño. Allí encontraron algo parecido a un árbol, o un montón de ramas y raíces que se retorcían sobre sí mismas. La masa informe de aspecto vegetal tenía un tamaño considerable, y enclavada sobre ella en la pared posterior de la celda refulgía una espada. Su brillo acerado desprendía unos destellos azulados, y el sonido de las palabras de Roden y Machacahuesos al contemplarla parecían hacer vibrar la hoja. 

- Ha de ser mía - expuso sin contemplaciones Machacahuesos. 

- Pues nada más fácil. Abrimos los barrotes, nos cargamos las ramas esas y coges la espada. 

- ¿Pero es que nadie en este grupo piensa nunca? - gritó desde el pie de la escalera Eldelbar, que regresaba junto con Ardan de su frustrado intento de rescate. - ¿No habéis pensado que igual la reja esa no está para impediros entrar sino para impedir que sea lo que sea el bicho ese no sea capaz de salir?

- Tú sólo quieres pollo. Yo sólo quiero la espadaaaaa - replicó una vez más Machacahuesos. 


Y claro, cualquiera le lleva la contraria a un medio orco tozudo obsesionado con una espada mágica. Los héroes se pusieron en posición de combate y de un mazazo derribaron dos de los barrotes de la celda. La masa informe de raíces y ramas de aspecto ameboide avanzó hacia ellos. En ese preciso instante los goblins de las demás celdas comenzaron a gritar histéricos -"¡¡¡Molooooooch !!! ¡¡¡Han liberado a Moloooooooch!!!"

Roden lanzó un par de flechas que se hundieron en la espesura de las hojas, y Machacahuesos comenzó a tajar a diestro y siniestro con su espada, pero el combate duró poco. Un haz vegetal agarró al medio orco por el cuello y lo lanzó volando a través de la gruta. El ruido de sus huesos quebrándose al chocar contra las rocas hizo que todos sus compañeros se estremecieran. Sin tiempo para lamentarse otro zarcillo de hojas golpeó a Roden y lo dejó inconsciente, no sin antes lanzarlo despedido a varios metros de distancio. Aquello había sido demasiado. Presos del pánico Ardan y Eldelbar decidieron huir escaleras arriba, aprovechando la ventaja que les confería su agilidad respecto a la de "la cosa". A media ascensión vieron salir corriendo y gritando con desesperación a los goblins de la sala de sacrificios buscando la salvación de la superficie. Su estampida les cortaba el paso, pero de igual manera si les dejaban pasar antes quizá la criatura los siguiera a ellos cuando Eldelbar y Ardan se escondieran tras la bifurcación. Y así lo hicieron. Cuando todos los goblins hubieron pasado de largo tomaron el sendero que descendía hasta la gran sala de sacrificios y se escondieron a los pocos metros. Unos minutos más tarde escucharon el ruido de ramas arrastrándose y pudieron comprobar como la criatura se arrastraba corredor arriba. Cuando se hubo alejado desanduvieron sus pasos y volvieron a las celdas en busca de los restos de sus compañeros y (quizá) de la espada mágica. Pero no quedaba ninguna espada mágica. Tan solo los cuerpos inertes de Roden y Machacahuesos. 

- Podrías utilizar tus poderes de clérigo para curarlos - dijo Ardan sin mucha convicción. 

- Cierto, podría. También podría no hacerlo - repuso sin demasiado entusiasmo Eldelbar. - Total para el caso que me hacen. Y mira que lo saben... Escuchad al clérigo, escuchad al clérigo... En todos los grupos de aventureros que se precien el clérigo es el que da los buenos consejos. Pero en este grupo nada, se me ignora constantemente. En fin... o los curo o no habrá más grupo...

Unos pocos minutos más tarde Roden y Machacahuesos habían recobrado la consciencia. No estaban en plenas facultades pero se podían mover de nuevo. Pero la alegría les duró poco. El reconocible ruido de ramas secas arrastrándose por el pasillo se acercaba de nuevo. Y el sonido les llegaba desde el único camino por el que podían salir de aquella sala. A los pocos segundo la figura arbórea de Moloch se erguía de nuevo ante ellos. Estaban perdidos. Muertos. 

Muy muertos. 

Muertos más allá de toda salvación. 

Muertos más allá de los poderes de un clérigo. 

Total y absolutamente... M-U-E-R-T-O-S.

En otro lugar de las cavernas un sorcerer despertó de su inconsciencia sobre la losa pétrea de un altar. Le dolía la cabeza y aún sentía el frío de las aguas por las que había desaparecido, pero se puso en pie dispuesto a encontrar a sus amigos y salir con vida de ésta. Junto al altar, en el suelo, una túnica de chamán y una máscara hecha a partir del cráneo de una cabra habían sido abandonadas. La túnica era demasiado pequeña para él, pero la máscara parecía acomodarse a la perfección a la forma de su rostro. 

- Vaya, qué raro... Aún va a resultar que la máscara del chamán tiene poderes por descubrir - se dijo Aranix para sí mismo. 

(...)

Roden seguía lanzando flechazos a la espesura, Machacahuesos blandía su mandoble a una sola mano cercenando ramas una tras otra, Eldelbar lanzaba una y otra vez su conjuro de Llama Sagrada sobre la criatura y Ardan fintaba y lanzaba certeras estocadas a las zonas mejor defendidas del monstruo, pero nada de ellos parecía hacer mella en su energía ni en sus ataques. Pero de pronto en lo alto de las escaleras apareció Aranix y ponunció una sola palabra señalando con el dedo a la criatura:

- ¡Duerme! - gritó, y el monstruo dejó de moverse. 

Los aventureros aprovecharon para recobrar un poco el aliento y para golpear de forma inmisericorde al amasijo de ramas, pero poco después el monstruo volvió a despertar. El combate volvió a ponerse difícil para los aventureros, pero de nuevo Aranix se concentró y lanzó de nuevo su demoledor hechizo de sueño. Una vez más la criatura cayó en letargo y los héroes aprovecharon para repartir tanta leña como pudieron, pero poco después Moloch volvía a estar consciente y defendiéndose. Pero ya comenzaban a notarse los efectos de los ataques sobre él. Sus golpes ya no eran tan precisos ni tan potentes. Aún así una rama con un diámetro como el de una pierna humana impactó en el pecho de Machacahuesos y lo dejó inconsciente. Poco después otro zarcillo atacó a Ardan y lo incapacitó para la lucha. Otro pseudópodo vegetal alcanzó a su vez a Eldelbar, que no pudo mantener la consciencia debido al dolor intenso. 

En un alarde titánico de resistencia al dolor Roden continuó disparando sus flechas hasta que vació todo su carcaj, y entonces desenfundó su espada y se lanzó contra la espesura de hojas. Cayó inconsciente casi al momento. El monstruo se tambaleaba sabedor que estaba en las últimas, que no le quedaba apenas vida en su interior, pero sólo le quedaba un héroe por derribar, Aranix. A su vez Aranix se mantenía en pie por puro orgullo. Tras haber estado a punto de ser sacrificado por los goblins, abandonado por sus compañeros, casi ahogado en un río helado y ahora luchando contra un no-sé-qué con ramas que le estaba machacando de lo lindo, y a él no le quedaban conjuros que lanzar ni casi virotes en la ballesta. 

Cargó su último virote en el canal central de su ballesta, estiró hacia atrás el percutor y, apuntando al corazón de la espesura gritó. "muere de una vez, maldito ca$&$&" y descerrajó su último disparo. Al impactar el monstruo se detuvo, se balanceó un par de veces hacia delante y hacia atrás y cayó muerto a sus pies. 






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