Estaban a punto de seguir con la exploración de la torre cuando un ruido dentro de uno de los armarios los sobresaltó. La portezuela metálica se abrió poco a poco y del armatoste de metal y madero apareció un humano de considerable estatura, recio, fuerte y con armadura. Los miró uno por uno, como intentando desentrañar la sorpresa de sus rostros, hasta que por fin se decidió a hablar. - Hola, yo pasaba por aquí y... - Matémosle - interrumpió Rodelbar, que ya preparaba un virote de fuego en su mano. - ¡Esperad! - gritó el guerrero. - Ey tíos, que de verdad que no vengo a mataros. Es cierto que yo pasaba por aquí, vi la torre, pensé que podría encontrar algo de valor en ella y entré a mirar. Pero al poco rato escuché unos ruidos extraños y me escondí en el armario. - Yo creo que no es de fiar - respondió Galadriel. - Estoy con Rodelbar, matémosle. - No - les interrumpió Altea. - ¿No aprendisteis nada durante las últimas semanas? ¿No habíamos quedado que no mata...